ASPECTOS ÉTICOS DE LA ENFERMEDAD TERMINAL
La muerte forma parte de la vida de
cada una de la personas. Se considera a la muerte como una situación límite
íntimamente relacionada con la personal trayectoria y las actitudes ante la
vida que se hayan tenido. Están esas actitudes que marcarán sus vivencias y orientarán el
comportamiento que se manifiesta en la denominada fase terminal. La
atención al enfermo en esta fase terminal constituye una de las funciones más
importantes e ineludibles del personal sanitario, que inician un nuevo tipo de
asistencia, cuya meta ya no es liberar al paciente de su enfermedad, sino
ayudarle a morir en paz o, más bien, a vivir dignamente hasta que le llegue la
muerte.
La enfermedad terminal
“Sindrome terminal” se define al estado
clínico que indica expectativa
de muerte en breve plazo. Se presenta comúnmente como un
proceso evolutivo final de algunas
enfermedades crónicas progresivas cuando se han agotado los
remedios disponibles. El diagnóstico de ST se basa en la existencia de los siguientes factores:
a) Enfermedad causal de evolución progresiva,
b) pronóstico
de supervivencia inferior a un
mes y
c) ineficacia comprobada de los tratamientos y pérdida de
la esperanza de recuperación
Consideraciones éticas:
El paciente
tiene derecho a conocer la verdad sobre su enfermedad, cuando ve comprometida
su salud y acude al médico. Parece obvio que este derecho del paciente asuma
particular interés cuando la enfermedad es grave. En otros, ocultar la verdad
sería infantilizar a la persona, reducir al enfermo a un nivel inferior,
manteniéndolo engañado, en el que todos saben lo que le sucede, menos él. Desde el punto de vista moral, no
es bueno ilusionar al enfermo o a los parientes con una falsa seguridad, con el
peligro de comprometer de este modo la salvación eterna del enfermo o el cumplimiento
de obligaciones de justicia o caridad.
Es por ello conveniente
difundir en la vida hospitalaria la mentalidad en pro de la veracidad,
desterrando esas “conspiraciones del silencio” de algunos familiares que
pretenden a toda costa ocultarle al enfermo el mal que sufre, contando con la
complicidad del médico. Conviene precisar estos tres conceptos:
a.- Nunca
se debe mentir al enfermo, ni inducirle a engaño. Nadie tiene derecho a
mentir a un enfermo que seria y confiadamente pregunta por su estado,
quitándole así la posibilidad de enfrentarse con su muerte.
b.-No existe siempre obligación de
decir la verdad, si se estima que puede influir negativamente en el
enfermo. El médico debe, pues, dar la información requerida por el enfermo,
averiguando lo que éste quiere saber.
c.- En
ocasiones puede callarse la verdad, evitando contestaciones a preguntas
indirectas que hace el enfermo (hechas por motivos distintos: reafirmación,
ganar esperanza...) pero esperando el momento oportuno de manifestarla, o
mejor, tratando de ir dándola gradualmente. Pero si el peligro de muerte es
próximo, se debe manifestar al enfermo su situación.
Tras lo
dicho anteriormente, cabe la siguiente reflexión: la verdad no debe hacer daño;
Es la falta de información la que puede llevar al enfermo a estados de ansiedad
más graves que los que puedan derivarse de una información intempestiva.

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