viernes, 23 de noviembre de 2012



ASPECTOS ÉTICOS DE LA ENFERMEDAD TERMINAL

 La muerte forma parte de la vida de cada una de la personas. Se considera a la muerte como una situación límite íntimamente relacionada con la personal trayectoria y las actitudes ante la vida que se hayan tenido. Están esas  actitudes  que marcarán sus vivencias y orientarán el comportamiento que se manifiesta en la denominada fase terminal. La atención al enfermo en esta fase terminal constituye una de las funciones más importantes e ineludibles del personal sanitario, que inician un nuevo tipo de asistencia, cuya meta ya no es liberar al paciente de su enfermedad, sino ayudarle a morir en paz o, más bien, a vivir dignamente hasta que le llegue la muerte.

La  enfermedad  terminal  “Sindrome  terminal” se define al estado clínico que  indica  expectativa  de  muerte  en breve plazo. Se presenta comúnmente como un proceso evolutivo final  de  algunas  enfermedades crónicas progresivas cuando se han agotado  los  remedios  disponibles. El  diagnóstico de ST se basa en la  existencia de los siguientes factores:

 a)  Enfermedad causal de evolución  progresiva,
 b)  pronóstico  de supervivencia inferior a  un mes y
 c)  ineficacia  comprobada de los tratamientos y pérdida de la esperanza de recuperación 


Consideraciones éticas:

El paciente tiene derecho a conocer la verdad sobre su enfermedad, cuando ve comprometida su salud y acude al médico. Parece obvio que este derecho del paciente asuma particular interés cuando la enfermedad es grave. En otros, ocultar la verdad sería infantilizar a la persona, reducir al enfermo a un nivel inferior, manteniéndolo engañado, en el que todos saben lo que le sucede, menos él.  Desde el punto de vista moral, no es bueno ilusionar al enfermo o a los parientes con una falsa seguridad, con el peligro de comprometer de este modo la salvación eterna del enfermo o el cumplimiento de obligaciones de justicia o caridad.

Es por ello conveniente difundir en la vida hospitalaria la mentalidad en pro de la veracidad, desterrando esas “conspiraciones del silencio” de algunos familiares que pretenden a toda costa ocultarle al enfermo el mal que sufre, contando con la complicidad del médico. Conviene precisar estos tres conceptos: 

a.- Nunca se debe mentir al enfermo, ni inducirle a engaño. Nadie tiene derecho a mentir a un enfermo que seria y confiadamente pregunta por su estado, quitándole así la posibilidad de enfrentarse con su muerte. 

b.-No existe siempre obligación de decir la verdad, si se estima que puede influir negativamente en el enfermo. El médico debe, pues, dar la información requerida por el enfermo, averiguando lo que éste quiere saber.

c.- En ocasiones puede callarse la verdad, evitando contestaciones a preguntas indirectas que hace el enfermo (hechas por motivos distintos: reafirmación, ganar esperanza...) pero esperando el momento oportuno de manifestarla, o mejor, tratando de ir dándola gradualmente. Pero si el peligro de muerte es próximo, se debe manifestar al enfermo su situación.
Tras lo dicho anteriormente, cabe la siguiente reflexión: la verdad no debe hacer daño; Es la falta de información la que puede llevar al enfermo a estados de ansiedad más graves que los que puedan derivarse de una información intempestiva.






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