Establecer procesos comunicativos con el enfermo terminal y su familia
Según la OMS, enfermedad en fase terminal es aquella que no tiene tratamiento especifico curativo o con capacidad para retrasar la evolución, y que por ello conlleva a la muerte en un tiempo variable (generalmente inferior a seis meses); es progresiva; provoca síntomas intensos, multifactoriales, cambiantes y conlleva un gran sufrimiento (físico, psicológico) en la familia y el paciente.
Apoyo emocional y comunicación
El control de los síntomas suele ser insuficiente
para confortar al paciente, ya que la enfermedad altera funciones personales a
otros niveles (laboral, social, familiar, económico) dando lugar a múltiples
conflictos que necesitan resolverse para que el paciente pueda sentirse mejor.
La comunicación efectiva en cuidados paliativos es fundamental y abarca al paciente,
la familia y al equipo interdisciplinario, en una interrelación dinámica y constante.
La comunicación “con el paciente”, implica participación activa, intercambio, compartir y puesta en común de la situación. Implica un compromiso del equipo interdisciplinario en su disposición a una escucha activa para comprender y compartir las necesidades y emociones del paciente.
La información acerca del diagnóstico, tratamiento y pronóstico de la enfermedad, así como de las posibles complicaciones que puedan ocurrir durante la evolución de la misma, constituye un arma terapéutica primordial. La información facilita que el sujeto desarrolle mecanismos adecuados para luchar contra la enfermedad y el sufrimiento.
La empatía es la base de la buena comunicación y se define como la capacidad de escuchar activamente los sentimientos y emociones, y entender los motivos que los generan situándose en el lugar del otro. La actitud de escuchar tiene carácter terapéutico en sí misma.
1 objetivos de la comunicación
- Facilitar al paciente y a su familia la expresión de aspectos afectivos y conductuales relacionados a la fase terminal del paciente.
- Contribuir para fomentar las condiciones físicas y emocionales que optimicen la calidad de vida del paciente.
- Favorecer canales de comunicación entre el paciente y su familia, afectados por el proceso de la enfermedad y de los tratamientos.
- Favorecer condiciones para que tanto el paciente como la familia tomen conciencia de la situación y acepten la muerte en mejores condiciones.
2 Estrategias en la comunicación
Aunque la comunicación con cada paciente es
particular y tiene su propia dinámica, algunas estrategias resultan de
utilidad:
- Identificar las necesidades y preocupaciones del paciente lo más específicamente posible. ¿Qué es lo que más le preocupa? ¿Qué teme del procedimiento?
- Evaluar el estado emocional del paciente clarificando el tipo de defensas psíquicas y recursos yoicos para fomentar los más adaptables en el manejo de su situación: “¿Cómo se siente anímicamente? ¿Qué hace cuando se siente angustiado?”
- Indagar qué sabe concretamente de su proceso y qué quiere saber. La información per se no es válida, solo es útil cuando es demandada por el paciente y su provisión es terapéutica: “¿Cómo cree que va su tratamiento? ¿Qué desearía saber sobre los resultados?”
- Identificar el tipo de relación familiar que tiene el paciente: quiénes viven con él en casa, cómo es la comunicación ahí, qué tanto apoyo percibe y de qué tipo, qué cambios se han dado a partir de la enfermedad, si ha participado de las decisiones, si hay una conspiración del silencio.
- Identificar la actitud del paciente y la familia respecto de la evolución de la enfermedad: si hay aceptación o elaboración de esta, si tienden a negarla y buscan soluciones mágicas, etc.
- Escuchar activamente, seguir el ritmo del paciente, su lenguaje verbal y no verbal, no interrumpir, mirar a los ojos, dar señal de recepción, atender a lo qué dice: y cómo lo dice. “Me está diciendo que tiene dolor y lo veo en su expresión, ¿cómo es ese dolor?”
- Empatizar, ponerse en el lugar del otro para comprender sus sentimientos. La actitud empática tiene carácter terapéutico: “Comprendo lo que debe sentir…”
- Mantener la comunicación no verbal: mediante la cercanía o contacto visual se manifiesta la atención y el interés en el problema.
- Elegir el lugar donde se habla: evitar pasillos, salas de espera.
- Proporcionar mensajes de esperanza, por ejemplo, sobre la posibilidad de alivio y control del sufrimiento, basándose en la verdad que otorga la fiabilidad y credibilidad necesarias en la comunicación con el paciente.
- Anticipar la información negativa, procurando que el paciente pueda procesarla:
- “Los resultados no son claros, debemos esperar la confirmación…”
- Entregar información al paciente basada en su capacidad para comprenderla y asimilarla en ese momento, y luego confirmar si la comprendió correctamente.
- Evitar mensajes impositivos (“Tiene que…”), preguntas que implican la respuesta (“Se sintió mejor con el medicamento, verdad?”) y preguntas múltiples. Se recomienda centrar la atención solo en la sintomatología física y evitar indicios innecesarios de empeoramiento.
- La congruencia informativa entre el equipo interdisciplinario, el paciente y la familia, evita recelos e inseguridades. El paciente puede comunicarse con más confianza con un miembro del equipo en particular.
- La atención no se centra tanto en los síntomas en sí mismos, sino en la percepción que de estos tiene el paciente, en especia de los que le causan sufrimiento.
3 Perfil necesario del profesional
Aunque la comunicación con cada paciente es particular
y tiene su propia dinámica, algunas estrategias resultan de utilidad:
- Ser capaz de empatizar, de saber dar y recibir.
- Saber escuchar, más que hablar, controlando la ansiedad que le generen situaciones difíciles.
- Ser asequible y estar disponible, de acuerdo a los requerimientos del paciente, sin sobreidentificarse con él, lo cual afectaría no solo su vida personal, sino la objetividad terapéutica con ese paciente.
- Guardar silencio cuando sea necesario, esto es, poseer buena capacidad de contención.
- Tener habilidad para facilitar un ambiente cálido que permita al paciente expresar sus temores y emociones.
- Desarrollar el arte de saber preguntar.
- Tener bases teóricas y conocimientos acerca de lo que acontece con un paciente terminal y balancear teoría y práctica para buscar alternativas creativas.
- Sentirse a gusto en el ejercicio de su profesión, manteniendo una expectativa realista que le ayude a manejar las limitaciones y frustraciones.
- Pedir ayuda en caso necesario cuando se sienta sobreimplicado con un paciente, evitando sentimientos de omnipotencia.
- Ser fiable al saber manejar la verdad, y así poder generar una relación de confianza.
- Desarrollar con una práctica certera la intuición acerca de lo que necesita el paciente y su familia.
- Elaborar —en el trabajo con pacientes terminales— situaciones personales de culpa, pérdida y miedos respecto de la muerte propia y la de sus seres queridos.
4 Elementos de la comunicación terapéutica
- Los partícipes en esta comunicación son el paciente, la familia y el equipo terapéutico.
- En la comunicación con el paciente el objetivo es obtener el máximo de información que permita valorar cuáles son las necesidades cognitivas y afectivas del paciente, sobre la base de un apoyo emocional.
- La comunicación con la familia se centra en el apoyo emocional para el afrontamiento de la situación inmediata y preparación para la pérdida inminente, y en un soporte informativo que oriente sobre la utilización de recursos disponibles para brindar una ayuda más efectiva al paciente, favoreciendo la comunicación y los vínculos entre ellos.
- Es fundamental la comunicación al interior del grupo, basada en una buena relación, para facilitar la disminución de los niveles de ansiedad y estrés asociados a la práctica profesional y evitar el burnout (síndrome de agotamiento profesional) a nivel individual y/o grupal.
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