Evaluar
información que tiene el paciente voluntariedad
La evaluación y determinación de la competencia de un
paciente es una tarea que entraña una enorme responsabilidad ética y jurídica.
Establecer la incompetencia de un paciente es afirmar que, aquí y ahora, no
puede ejercer su autonomía moral ni su derecho, legalmente reconocido, al autogobierno
personal, esto es, a tomar por sí mismo una determinada decisión y que son
otras personas las que deberán tomarla en su lugar. Con ello se inaugura el complejísimo
campo de las decisiones de representación o sustitución que comporta
importantes problemas éticos y jurídicos.
El fundamento ético más importante de la obligación de
valorar la competencia o capacidad de un paciente es el principio de no
maleficencia, pues deben evitarse aquellas acciones que puedan generar un daño
físico o moral a las personas. Y tan maleficente será permitir al paciente con
incapacidad que tome decisiones que pueden producirle daño como impedir al
paciente capaz que ejerza su autonomía para decidir. Existe además la
obligación de beneficencia de optimar la participación del paciente
incompetente en la toma de decisiones por todos los medios posibles, con el
objeto de revertir, si es posible, esa situación de incapacidad o de
proporcionarle la información que pueda asumir aun teniendo dicha incapacidad
natural, a fin de que participe en la decisión en la medida de sus
posibilidades.
El respeto por la autonomía de los pacientes constituye
hoy una de las piedras angulares de la bioética, así como una aspiración
fundamental para la práctica médica. La incorporación en la práctica clínica
del consentimiento informado y de las normativas emanadas de los cuerpos
legales que protegen los derechos de los pacientes en salud, obligan a
plantearse el proceso de evaluación de la capacidad sanitaria para la toma de
decisiones en la práctica clínica diaria. El proceso que determina la capacidad
de los pacientes para ejercer su autonomía no sólo es complejo sino que variado
e inconsistente. Esto puede explicarse por diversos motivos. Uno es que el
respeto por la autonomía como obligación ética debe a menudo armonizarse con
otros principios que compiten, como prevenir el daño, actuar en función del
beneficio de los pacientes y los problemas de asignación de recursos justo.
ELABORADO: Ariadne Cach Pnti

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