LOS LLAMADOS CRITERIOS DE JUSTIFICACIÓN MORAL. .
Sánchez Vázquez llama criterios de justificación moral a
una serie de principios que permitirían dar un juicio absoluto acerca de la
validez y obligatoriedad de las leyes morales. El autor concede una gran
importancia a estos criterios, pues con ellos piensa alcanzar el objetivo
principal de su obra: construir una verdadera ética a partir de los análisis
del materialismo histórico.
Sánchez Vázquez advierte de algún modo que hasta ahora no
ha superado el relativismo histórico-social y que la obligación moral,
concebida en función de una sociedad concreta y de un determinado momento
histórico, necesita de una ulterior fundamentación. Si las normas de conducta
no tuvieran otro soporte que la transitoriedad del presente, no alcanzarían el
carácter de lo propiamente ético, quedándose en el ámbito de lo útil. Si lo que
ahora se debe hacer, mañana estará prohibido, no puede hablarse propiamente de
bien y de mal, porque ambas son realidades absolutas, y mientras no se les
confiera ese valor no hay ética ni obligación moral propiamente dicha, pues
nadie se siente ligado en conciencia si mañana todo será de otro modo, al menos
si no se demuestra que el mismo cambio histórico en su conjunto y los momentos
particulares en cuanto insertados en él tienen un valor moral absoluto.
El autor piensa que con los cinco criterios de valoración
moral justificación social, práctica, lógica, científica y dialéctica puede
fundamentarse el valor de las normas morales, pero teniendo bien presente que
valor absoluto no quiere decir valor supra humanó o intemporal, que exista en
sí y por sí, sino producto humano que solamente existe, vale y se justifica como
nudo de relaciones.
Justificación social:
Como la norma cumple la función social de asegurar el comportamiento de los
individuos de una comunidad en una determinada dirección, la validez de una
norma es inseparable de cierta necesidad social. Así, en una comunidad en la
que se da la necesidad social o el interés se justifica la norma que exige la conducta
adecuada.
Justificación
práctica: Sánchez Vázquez considera ahora, que la norma no sólo
ordena la conducta de acuerdo a los intereses de la colectividad, sino que
exige también unas ciertas condiciones reales para su cumplimiento. Así en las sociedades primitivas, donde no había un
excedente de producción, la existencia de los ancianos que no podían desempeñar
un trabajo, o la conservación de la vida de los prisioneros a los que no se
sabía cómo emplear, constituirían un fuerte obstáculo para la subsistencia de
la colectividad. En esas circunstancias, una ley moral que postulara la
conservación de la vida de los ancianos o el respeto a la vida de los
prisioneros no tendría razón de ser, ya que no se daban las condiciones reales desarrollo
de la producción y del trabajo que permitieran la alimentación de una población
inactiva.
Justificación
lógica: Las leyes morales no se dan aisladas prosigue Sánchez
Vázquez, sino que forman parte de un conjunto articulado que se llama código
moral. Este código ha de caracterizarse
por la no contradicción de sus normas, por su coherencia interna, y es relativo
a una determinada comunidad humana.
La justificación
lógica de los preceptos obedece, por eso, a la función social de la moral, pues
impide que en una sociedad surjan leyes morales arbitrarias o caprichosas que,
por no integrarse en el sistema normativo, entrarían en contradicción con los
intereses y necesidades sociales. Por tanto, concluye que una norma se
justifica lógicamente si demuestra su coherencia y no contrariedad con los
demás preceptos del código moral del que forma parte.
Justificación
científica: Una norma se justificaría científicamente
cuando no sólo se ajusta a la lógica, sino también a los conocimientos
científicos ya establecidos, o al menos es compatible con ellos. Así, pues, una
norma moral se justifica solamente si se basa en los conocimientos científicos
alcanzados por una sociedad o es compatible con ellos.
Justificación
dialéctica: Según el autor, un código moral es un
producto humano y, como tal, forma parte del proceso práctico e histórico de la
humanidad. Puesto que la historia de la moral, por ser dialéctica, tendría un
sentido ascendente, una ley o sistema moral se justifica por el lugar que ocupa
dentro de ese movimiento progresivo. Dentro de ese proceso, una norma o código
moral tiene un carácter relativo y transitorio. Algunos preceptos desaparecen
para siempre, otros subsisten corregidos o enriquecidos. En todo caso, sólo
dentro de ese proceso dialéctico puede hablarse de justificación moral. La
ética no sería algo estático e inmutable.
De este modo, una norma moral se justifica dialécticamente
cuando contiene aspectos o elementos que dentro del proceso progresivo moral,
se integran a un nuevo nivel en una moral superior. Reconoce que los tres
primeros principios que justifican una
norma por las necesidades de una comunidad, por las condiciones de su
realización y por su articulación lógica con un código moral dado son insuficientes,
porque no proporcionan criterios de validez entre normas que rigen en
diferentes comunidades, que forman parte de distintos códigos, o que aparecen
en distintas etapas del desarrollo histórico moral de la humanidad. Más aún, la
aplicación de los tres primeros criterios nos impiden justificar una norma, un
acto, un código moral determinado fuera de su contexto concreto y aplicarle un
criterio absoluto que no tome en cuenta su relatividad Sólo recurriendo a los dos
últimos criterios podemos impedir que lo relativo extienda sus límites más allá
de las condiciones y necesidades sociales respectivas, elevando, de este modo,
al plano de lo absoluto lo que sólo es relativo, histórico y limitado.
Con lo cual resulta que la relatividad de la moral no
entraña forzosamente un relativismo, ya que no todas las morales se hallan en
el mismo plano, pues no todas consideradas históricamente como etapas o
elementos de un proceso ascensional, progresivo tienen la misma validez. De
ahí la necesidad de justificarlas dialécticamente.
La
justificación dialéctica: es así el criterio fundamental, y donde
el autor descubre su juego. La moral no es otra cosa que la marcha dialéctica
de la historia: las normas morales se suceden según la alternancia
tesis-antítesis-síntesis, hasta llegar a la supuesta perfección del «paraíso
comunista», en relación al cual adquirirían un valor absoluto las necesidades
sociales del momento presente.
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